¿Es lícito impedir que mi gata salga al exterior?

Adopté hace ya casi un año a Macu. Ha cumplido ya su añito, está castrada, sus vacunas al día, y estupendamente de salud. Os recuerdo que vivo en un pueblo fuera de Madrid muy tranquilo y con muy poco tráfico. Ayer, Macu salió por primera vez a explorar el jardín y aquí es cuando me surgen muchas dudas. ¿Hay posibilidades de que se pierda? ¿Es demasiado joven? ¿Debo impedírselo?

Éste es el eterno dilema que se plantean tanto los adoptantes como las protectoras a la hora de entregar un gato en adopción a un adoptante que vive en casa baja con parcela porque, sin lugar a dudas, existe la posibilidad de que el gato sufra un accidente.

Difícil es tener una postura predeterminada e inamovible. Cada escenario es diferente y la decisión debería tomarse en base al nivel de peligro inherente a cada contexto. Bien es cierto que un gato disfruta enormemente de un patio/jardín en el que puede tomar el sol, restregarse por los árboles, en la hierba, observar los pájaros,... En definitiva, disfrutar de una vida mucho más "natural", más parecida a lo que sería en su hábitat originario. No menos cierto es que un gato que sale al exterior se enfrenta a peligros y riesgos que no existen en el interior de una casa (tráfico, algunos perros, otros gatos, personas poco amantes de los animales y un largo etc,...)

El riesgo no radica tanto en la posibilidad de que se pierda, una gata de más de un año ya es adulta y sabrá orientarse. Empezará colonizando espacios cercanos a la casa e irá ampliando su radio de acción.

En definitiva, es probable que cada dueño de gato tome su propia decisión en base a su personal filosofía de vida, a su capacidad de asumir riesgos y responsabilidades y a su particular definición de la felicidad. Si pesa más en la balanza la calidad de vida que se le va a ofrecer brindándole la posibilidad de salir fuera, aún a pesar de tener muy claro que conlleva sus riesgos, se le permitirá disfrutar del exterior.

Por otra parte, un gato adulto y castrado no tiene ya las mismas inquietudes que un gato sin castrar y es frecuente que una vez explorado su espacio, se quede en la parcela sin ir más allá, disfrutando simplemente del aire libre sin necesidad de ir a buscar otros estímulos, como podría ser el apareamiento.

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